miércoles, 25 de marzo de 2009

Se quedó a dormir

Me desperté, no quise abrir los ojos.

Intuí que no era temprano, pues hería ya la claridad al atravesar el panal de la persiana.

Sentí frío en el estómago, en las piernas y en los pies, aunque el pecho, aún caliente, me recordaba sus palabras:
- No te levantes, duerme un rato más.

Y el vaivén de su andar debió vencerme, como nana que duerme al niño.

Recuerdo aquellas curvas dirigiéndose hacia la puerta principal, transformando en armonía el denso aire, varando al deseo en caprichosa celeridad.

Era esa la imagen que se repetía. Una y otra vez, recostado en el borde de mi cama, al abrir la ventana, en la ducha, tras la espuma de afeitar, sentado en la cocina en el vapor de cafetera, en el torbellino de la taza, en mitad de la tostada, en el fondo del fregadero, luego en el ropero, en el sofá, en el techo, en el envés de mis párpados y otra vez en falsos sueños.

Su nombre era de gris cielo, aunque de frío recuerdo, empezaba por alegría, seguía por intuición y acababa en mi alma baldía, rendida. Sonaba a tradición, olía a pétalo desprendido, sabía a invierno y se pronunciaba suave, brisa de seda, secreto de Andalucía.

Nunca antes se quedó a dormir.

Belso Ruy Nogal

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