Ardió el tiempo.
Ya no habla, solo observa decaído.
Allá en el horizonte entre la niebla
advierte una tenue imagen.
Quebrado comprende que yacerá,
pues la reconoce a lo lejos,
llega inexorable, implacable,
llorando asume su fatalidad.
Desfallecen los sentimientos,
quienes nos dieron vida.
Ahora ya tranquilo,
sin ansia, sin prisa,
el odio espera,
y ahí se pudre el alma en una laguna seca,
convirtiendo esto en un simple divagar,
pintando en gris cada cielo.
Así sacia el dolor irónico
su aliento con sangre,
y en la oscuridad se escucha en silencio como llega,
enfriando los pies,
deteniendo un latir degenerativo,
agonizante y en ese momento ya cobarde.
Cruel extirpa su voluntad,
sume bajo el agua todos los recuerdos
mostrando en blanco destellos del pasado.
Baten los párpados en salva un pestañeo
y con él toda obstinación queda reducida a un fugaz soplo
por el que calla un comienzo y despierta un final.
Alighie
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