viernes, 14 de diciembre de 2007

La hora

Ardió el tiempo.

Ya no habla, solo observa decaído.

Allá en el horizonte entre la niebla

advierte una tenue imagen.

Quebrado comprende que yacerá,

pues la reconoce a lo lejos,

llega inexorable, implacable,

llorando asume su fatalidad.

Desfallecen los sentimientos,

quienes nos dieron vida.

Ahora ya tranquilo,

sin ansia, sin prisa,

el odio espera,

y ahí se pudre el alma en una laguna seca,

convirtiendo esto en un simple divagar,

pintando en gris cada cielo.

Así sacia el dolor irónico

su aliento con sangre,

y en la oscuridad se escucha en silencio como llega,

enfriando los pies,

deteniendo un latir degenerativo,

agonizante y en ese momento ya cobarde.

Cruel extirpa su voluntad,

sume bajo el agua todos los recuerdos

mostrando en blanco destellos del pasado.

Baten los párpados en salva un pestañeo

y con él toda obstinación queda reducida a un fugaz soplo

por el que calla un comienzo y despierta un final.

Alighie

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